Disney es (un poco) el Mal

Disney es (un poco) el Mal

Disney era un (poco) cabrón. Y lo digo sin ambages, a pecho descubierto, a pelo, #aloloco. Dispuesta a batallar con los Disneyliebers hasta mi último aliento… O casi.

Era un (poco) cabrón, sí. Él y su factoría de ¿sueños? son culpables de muchos traumas infantiles; porque esa obsesión suya por matar madres de jóvenes princesas, esa manía de traer a colación a brujas comeniños, mataperros o envenenaprincesas, se podría catalogar como maltrato psicológico del bueno. Y encubierto, no me jodas. Disney hizo, y sigue haciendo llorar, a tiernas criaturas que no entienden por qué casca la madre de Nemo, de Bambi o de la Bella Durmiente, o por qué una bruja quiere cargarse a la (otra vez) princesa de turno sólo por ser más guapa que ella. No hay película de Disney que no te ponga un nudo en la garganta.

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Disney tiene para todos.

Además de putear a encantadoras personitas en los albores de su infancia, es el causante de la propagación del virus amor romántico”, origen de una de las pandemias más devastadoras de la historia de las emociones destructivas. Y no, el amor romántico no nos rompe por dentro porque imaginemos a nuestro hombre ideal embutido en una mallas azules, con un pelazo Pantene envidiable (¿Por qué me ha venido a la cabeza Percival Manglano?)  No es esa perturbadora visión lo que nos deja para el arrastre emocional, no, ¡no! (insisto) ¡NO!

Lo que es un arma de destrucción masiva, lo que nos está impidiendo amar y ser amadas de forma sana, lo que nos tiene tó loquer, es que nos hayan metido (perdón) la idea absurda de que necesitamos a esa pareja ideal a la que someternos, someternos mucho, para conocer el verdadero amor (ideal y pareja son oxímoron y verdadero y amor, una mentira) El amor romántico hará que, en presencia del ser amado, canten los pajaritos (sic), unas hadas pizpiretas vestidas como Bárbara Cartland cosan un vestido cuqui y hagan dueto con los pajaritos de antes, y todo florezca y las nubes huelan a vaya usted a saber qué, y te pondrás a bailar (en la cocina, que es tu lugar) la danza de la codependencia, cuando llegues del Mercadona con tu Príncipe-Pelazo-Azul (Percival in my mind again) mientras la compra se guarda sola, se está preparando un guiso delicioso en una cocina perfectamente decorada y los pajaritos cantarines de antes esperan para tenderte la ropa de la lavadora.

#amosnomejodas.

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Eso es indiscutiblemente ETA.

El amor romántico es la mismísima puerta del infierno: es tóxico, genera dependencia emocional (por supuesto de la mujer con respecto del hombre) aislamiento, frustración, y en algunos casos es la antesala del maltrato (no pongáis esa cara, porque sé muy bien de qué hablo) Ese amor romántico, es simplemente mentira, porque de amor no hay que morir, ni sufrir, ni llorar, ni depender. De amor hay que vivir y ser libre, y ser una misma. Porque en el amor hay que bajarse al barro porque quieres y amar en las buenas y sobre todo en las malas. Porque si sufres NO ES AMOR, porque si idealizas NO ES AMOR, porque si no eres tú para que sea él NO ES AMOR.

  • Porque el amor no es (siempre) bailar en la cocina.
  • Porque el amor no es encontrar a un hombre que te saque a pasear, y que te diga que eres preciosa, porque quizá algún día no puedas caminar y ya no seas bonita.
  • Porque el amor no es que se metan (perdón) entre tus piernas y te pongan los ojos en blanco.
  • Porque el amor no es esperar una llamada o una palabra sin la que tu mundo no tiene sentido.
  • Porque el amor no es “sin ti no soy nada”.
  • Porque el amor no es “eres mía o de nadie”.
  • Porque el amor no es “si no siente celos no me quiere”.
  • Porque el amor no es mirarse a los ojos, tomarse las manos y suspirar (Creo que eso es yoga, o algo así)
  • Porque el amor no es una media naranja.
  • El amor es remangarse y meterse hasta los codos en la mierda de quien amas, porque te necesita y lo sabes.
  • El amor es caminar juntos.
  • El amor es que se metan (perdón) entre tus neuronas y te pongan los ojos en blanco (Bueno y que se metan -perdón- un poquito entre tus piernas, a lo mejor también. Pero más en las neuronas, creedme)
  • El amor es poder decidir, poder vivir, poder ser, sin depender de esa palabra o esa llamada que te da permiso, disfrazado de cariño. Porque el amor, queridas,  no-es-pedir-permiso-para-nada.
  • El amor son dos naranjas enteras.
  • El amor es un guerrero dispuesto a pelear a tu lado, nunca un príncipe azul al que esperar, apoyá en el quicio de la mancebía. Que no, coño, QUE-NO.

Id tomando nota.

Y sí, Disney: eres (un poco) el mal.

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4 thoughts on “Disney es (un poco) el Mal

  1. Quizás las películas Disney sirvan precisamente para eso. Démosle la vuelta y usemos el visionado de estas películas por nuestros hijos para educar en lo que debe y no debe ser. Creo que, como no podremos impedir el “influjo disneypático” en la sociedad, es muy importante combatirlo con sus mismas armas. Hacer visible el machismo en forma de dibujo animado nos puede ayudar. Ahora sí, sigo esperando la próxima película.

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